ELIO RODRÍGUEZ: EL CARTEL COMO PARODIA RE-IMAGINADA

JOSEP LLUIS PERIS

    En el proceso que supone toda investigación plástica, muchos artistas anteponen sus propios retos en el dominio y superación de las técnicas de representación, -bien éstas sean el dibujo, la pintura, la pasta de color, la materia, el collage, etc.- a las propias necesidades expresivas o de comunicación emocional. Otros artistas, en cambio, entienden la investigación de las potencialidades en la representación plástica, como un proceso de búsqueda introspectivo, más o menos sereno o compulsivo, dependiendo de la personalidad del sujeto, y siempre en relación a una exposición discursiva, intimista, exhibicionista o propagandística, dependiendo, claro está, de las diferentes intencionalidades programáticas de cada individuo y porqué no de cada época o circunstancia socio-histórica que rodea y explica al propio artista.

 

En el caso que nos ocupa, esto es, el polifacético, transversal y prolífico artista cubano Elio Rodríguez, su personalidad expansiva y jovial, su vinculación a las artes plásticas, musicales, publicitarias, etc. se entremezclan radicalmente en la propia idiosincrasia de su obra pictórica, en sus esculturas-objetos, en sus vajillas, en sus carteles cinematográficos, es decir en el conjunto de su personalísima obra o imaginería indiscutiblemente propia. En todo ello, pues, en cada elemento visual y discursivo con el que se construye ese peculiar universo de imágenes y de ambientes reconocidos y reconocibles, existe una misma filosofía poética, un mismo posicionamiento estético, que no es otro que el de la reinvención lúdica, juguetona y absolutamente hedonista del hecho artístico en sí, de la plástica, atravesando muchas de sus posibilidades constructivas: tanto en la escultura (bodegones abigarrados de cerámica), como en el objeto (las vajillas sensuales, las perchas con encajes, la ropa interior-fruta...), como en la pintura, o la serigrafía.

 

En las manos de este artista formado en la Habana, abierto a toda consideración estética contemporánea, y perteneciente a una generación de artistas cubanos profundamente desinhibida y audaz, las imágenes, -bien sean volumétricas o planas, hechas en ordenador, acrílico o cosidas en tela de raso- forman parte de un calidoscopico discurso sujeto a los impulsos placenteros, llenos de intuición positiva, festiva, ceremonial y de celebración radical por el hecho de estar vivos, de estar instalados en el presente y de poder saborear, sin remordimientos, ni ataduras morales, ni conciencias cristianas de culpa, todo lo bueno y exuberante que nos ofrece la vida, la naturaleza, el cuerpo. Y es ese aliento vívido, ese impulso de redención natural y salvaje el que se advierte y se disfruta en cada una de las manifestaciones plásticas que es capaz de generar la mente y las manos de artesano multidisciplinar y dinamizador cultural que es, en efecto, Elio Rodríguez.

 

En su recorrido por la iconografía contemporánea, el artista se dedica a mezclar aleatoriamente todos los elementos más característicos y llamativos de la imaginería popular caribeña y occidental. La naturaleza de las frutas con sus aspectos eróticos en sus formas coloristas, exageradas y provocativas le sirven al artista para elaborar imágenes que son objetos, que son esculturas y que son útiles: cacharrería, vajillas, perchas, ropa interior con tela de raso en formas que emergen de la naturaleza y vuelven al cuerpo humano, etc. La cerámica, la técnica de la confección, la soldadura… todo sirve para subvertir y generar imágenes a modo de poemas visuales con carácter juguetón, delirante y a la vez reflexivo. Su enfoque radicalmente lúdico de toda su obra le permite vehicular alocadas fantasías o imaginerías imposibles, iconografías que se guiñan conceptualmente el ojo, y que se atreven a entrelazarse en irreverentes y lujuriosas consignas semiocultas o enunciadas por la boca pequeña de los signos y sus significados.

 

Es a partir de esta manera procedimental como Elio Rodríguez ha acometido la elaboración de las diferentes series serigráficas que ahora presenta en este libro o compendio recopilatorio de sus obsesiones visuales y conceptuales alrededor del discurso del cine y del imaginario colectivo y popular fijado sobre todo en la cultura caribeña de Cuba, y sobre todo de La Habana. En estas series que ahora presenta recopiladas, el artista se ve a sí mismo como elemento visual, comodín iconográfico que forma parte ¿por que no? de sus composiciones alegóricas, confusas, metalingüísticas e incluso provocadoras. Macho Enterprise s.a. es como firma Elio Rodríguez, y su mismo nombre forma parte de esta delirante butade en la que su imagen física, su nombre de productora de espectáculo de vedettes y su alusión a la vigorosidad masculina con el tópico calificativo de macho no son sino parte de un todo, de una puesta en escena de un universo plástico donde el concepto, la forma, los contenidos y los simulacros se dan de la mano en esta sinfónica y abigarrada conjunción de color, plasticidad y atmósferas ocurrentes y expansiva.

 

En la primera serie “Las Perlas de tu Boca” de 1995, El Macho es parte integrante de los carteles del cine más propagandístico, popular y hollywoodiano. Gone Whith The Macho, Romance en el Solar son algunas de las serigrafías que forman parte de esta serie con nombre de tópica metáfora, lugar común de la cultura kitcsh y en la que convergen todos los estereotipos más culebroneros sobre el amor y la sexualidad, la galantería y la seducción. La ambigüedad con que Macho plasma en imágenes y palabras las referencias a la potencia sexual, a la sensualidad desinhibida, al placer como eje del amor y no a la inversa, va caracterizando cada composición de cada cartel como simulacro o mimesis deformada y caricaturesca de los auténticos carteles de cine americanos.

Las otras series son “Remakes”, “La Gran Corrida” y “Mulatísimas” de 2005, en estas tres series la parodia y la ironía se erigen en máximos elementos constructores de discurso y de composición plástica. En “Remakes” la referencia a los carteles cinematográficos se vuelve a repetir profundizando en las referencias al imaginario colectivo que se sustenta a partir de tantas imágenes fílmicas procesadas subliminalmente. En “La Gran Corrida” son los toros, el torero y la tauromaquia quienes se conjugan en una feria de iconos, rituales, ceremoniales latinos, grecolatinos e hispanos del más absoluto tipicismo, llegando a bordear lo casposo, aberrante y rancio en el tratamiento visual y paródico de la tipología del cartelismo taurino. Ironía, incluso cinismo y un absoluto eclecticismo conceptual resuelven este tipo de serigrafías donde el minotauro, la torera o sacerdotisa reconocible por amigos y artistas varios, o la misma escenografía ceremonial de las arenas de la plaza de toros se convierten en algo más que imágenes para resultar ser auténticos fetiches escenográficos.

 

Finalmente en “Mulatísimas” el autor se atreve a conjugar ese elenco de imágenes estereotipadas en otro campo temático muy acorde a la proliferación icónica de sentido profundamente caribeño y latino, se trata de la representación aleatoria de las imágenes de lo mestizo, las mulatas como eje central desde donde sostener todo un discurso visual paródico sobre los estereotipos mulatos en la publicidad colonial, en la publicidad de productos isleños que más que publicitar bananas, piñas, ron o puros parecen publicitar irónicamente a los propios mulatos y mulatas, a los estilos de vida asociados al paraíso caribeño, a sus cuerpos exuberantes, a sus cualidades hedonistas, sus costumbres y fiestas, etc., y una vez más también el Macho Elio Rodríguez participando como sujeto activo junto con otros personajes aludidos, cuando no directamente retratados.

 

En definitiva se puede concluir que en esta recopilación de serigrafías caribeñas, cinematográficas y festivas o ceremoniales, el artista recrea un mundo conocido, reconocible y tópico donde la parodia se reconvierte en alucinación escénica y donde las imágenes se vuelven imágenes de sí mismas, se reconstruyen descodificando y recodificando el universo de signos y significados que para el espectador son y no son lo mismo, contrayendo una complicidad o guiño lúdico que por otra parte conecta de un modo muy directo con una tradición burlesca, carnavalesca y juguetona muy acorde con la cultura musical y escénica, callejera y de comparsas que tanta aceptación tiene entre la sociedad caribeña en general, y con la sociedad cubana especialmente.

 

Valencia, España. 2005

ELIO RODRÍGUEZ: EL CARTEL COMO PARODIA RE-IMAGINADA

JOSEP LLUIS PERIS

         In the process that supposes all visual investigation, many artists put in front its own challenges in the dominion and overcoming of the representation techniques, - these are the drawing, the painting, the colour paste, the matter well, collage, etc.- to the own expressive necessities or emotional communication. Other artists, however, understand the investigation of potentialities in the visual representation, like a introspective process search, more or less compulsive night watchman or, depending on the personality of the subject, and always in relation to a discursive exhibition, intimate, exhibitionist or propagandistic, depending, of course, of the different intentionality programmatic of each individual and why not of every time or social-historical circumstance that it surrounds and explains the own artist.

    In the case that occupies to us, that is to say, the multiphacetic, cross-sectional and prolific Cuban artist Elio Rodriguez, their expansive and jovial personality, his entailment to the visual art, musical, advertising arts, etc. they intermingle radically in the own idiosyncrasy of its pictorial work, in their sculpture-objects, in their sets of dishes, in their cinematographic posters, are unquestionably to say in the set of its most personal work or own imaginary. In all it, then, in each visual and discursive element with which he constructs that peculiar universe of images and recognized atmospheres and recognizable, exist a same poetic philosophy, a same positioning aesthetic, which he is not other that the one of the playful reinvention, playful and absolutely hedonist of the artistic fact in himself, the visual one, crossing many of its constructive possibilities: as much in the sculpture (still life motley of ceramics), like in the object (the sensual sets of dishes, hangers with embroiders, the clothes inner-fruit...), like in the painting, or the serigraph.

 

  In the hands of this artist formed in Havana, opened to any aesthetic contemporary consideration, and pertaining to a generation of Cuban artists deeply uninhibited and audacious, the images, - they are well volumetric or flat, done in computer, acrylic or sewn in fabric of flat they comprise of a kaleidoscopic subject speech to the pleasure impulses, plenty of positive, festive, ceremonial intuition and of radical celebration by the fact to be alive, to be installed in the present and of being able to savour, without remorse, neither moral fastenings, nor Christian consciences of it blames, all good and the exuberant that life offers to us, the nature, body. And it is that vivid breath, that impulse of natural and wild redemption that it is noticed and enjoyed in each one the visual manifestations that he is able to generate the mind and the hands of craftsman to multidiscipline and dynamiter cultural that is, in effect, Elio Rodriguez.

 

   In his route by the contemporary iconography, the artist dedicates himself to mix randomly all the elements most characteristic and showy of Caribbean and western popular imaginary. The nature of the fruits with its erotic aspects in its colourists, exaggerated and provocative forms serve to the artist to elaborate images that are objects, that are sculptures and that are equipment: pottery shop, sets of dishes, hangers, underclothes with fabric of flat in forms that emerge from the nature and return to the human body, etc. ceramics, sawing techniques , the weld... everything serves to subvert and to generate images a  visual poem way with playful character, delirious and simultaneously reflective. His radically   playful approach of all his work allows him to vehicular wild fantasies or impossible imaginaries, iconographies that yaw the eye conceptually, and that they dare to interlace itself in irreverent and lewd slogans semi-concealed or enunciated by the small mouth of the signs and its meaning.

 

    It is from this procedural way as Elio Rodriguez has undertaken elaboration of the different silk screen series that now it displays in this book or compendium of its visual and conceptual obsessions around the speech of cinema and the imaginary fixed popular group and mainly in the Caribbean culture of Cuba, and mainly of Havana. In these series that now display compiled, the artist sees himself like visual element, iconographic wild card that comprises of ¿why not? his allegorical, confused, meta linguistics and even provoking compositions. Macho Enterprise s.a. it is like Elio company Rodriguez, and its same name forms part of this delirious one butade in that its physical image, its name of producer of spectacle of vedettes and its reference to the masculine vigour with the qualifying topic of macho its is not but part of a whole, of one mise in scene of a plastic universe where the concept, the form, contents and the manoeuvres occur of the symphonic hand in this and motley one occurrences conjunction of colour, plasticity and atmospheres and expansive.

 

       In the first series "The Pearls of your Mouth" of 1995, the Macho is part member of the posters of the most propagandistic, popular and Hollywood cinema. Gone With Macho, Romance Romance en el Solar are some of the silk screens that he comprise of this series with name de  topical metaphor, common place of the culture kitsch and in which all the soap operas stereotypes converge on the love and the sexuality, gallantry and the seduction. The ambiguity which El Macho plasma in images and words the references to sexual power, to the sensuality disinherited, the pleasure like axis of the love and no to the inverse one, it is characterizing each composition of each poster like manoeuvres or mimesis deformed and caricatures of the authentic posters of cinema Americans.

     The other series are "Remakes ", “La Gran Corrida” (The Great Bullfight), and "Mulatísimas" of 2005, in these three series parody and irony is elevated in maximum construction elements of speech and of plastic composition. In "Remakes" the reference to the cinematographic posters becomes to repeat deepening in the references to imaginary group that is sustained from so many filmic images processing very subliminally. In "La Gran Corrida" they are the bulls, the bullfighter and tauromaquia that is conjugated in a fair of icons, rituals, ceremonial Latin, Greco Latinos and Hispanic of the absolute typecast, getting to border the dandrufful, aberrant and rancid in the visual treatment and parodist of the typologies of the bullfighting cartelism. Irony, even cynicism and absolute conceptual eclecticism solves this type of silk screens where Minotaur, the bullfighter or reconocible priestess by friends and artists several, or the same ceremonial stage scene of sands of the bullring they turn something more than authentic images to turn out to be scene graphic fetishes.

 

 Finally in "Mulatísimas" the author dares to conjugate that cast of images stereotyped in another very agreed thematic field to the proliferation iconic about Caribbean and Latin sense deeply , is random representation of the images of the mestize, the mulatas like axis power station from where to maintain to everything a parodic visual speech on mulatos stereotypes in the colonial publicity, the product publicity islanders who more than to publicise bananas, pure fragmentation hand grenades, rum or seem to publicise ironically to the own mulatos and mulatas, the styles of life associate to the Caribbean paradise, its exuberant bodies, their hedonists qualities, its customs and celebrations, etc., and once again also the Macho Elio Rodriguez participating like subject assets along with other alluded to personages, when no directly portrayed.

 

       It is really possible to be concluded that in this compilation of Caribbean silk screens, cinematographic and festive or ceremonial, the artist recreates known, reconocible and topical world where parody becomes scenic hallucination and where the images become images from themselves, they reconstruct decodifying and recodifying the universe of signs and meaning that stops the spectator is and they are not the same, contracting one complicity or playful wink that on the other hand it connects of a very direct way with very agreed a burlesque tradition, carnival and playful with the culture scenic, street musical comedy and of comparsas that so much acceptation  has between the Caribbean society in general, and with the Cuban society specially.

 

Josep Lluís Peris

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