La desnudez clásica no plantea molestias, ni excitaciones, ni polémicas. Contemplamos con gusto las hermosas tetas de la Venus de Hilo, o el minúsculo falo del Doríforo de Policleto sin advertir ni el más remoto erizamiento. Sólo apetencia artística, placer estético, gusto inocente por la cadencia de las formas, por la textura fría y suavísima del mármol. Los desnudos de Rubens, de Matisse, de Picasso, no agreden directamente nuestras glándulas, o lo hacen de una manera muy sutil, sin erecciones ni derramamientos. No vemos carnes, desnudeces, sino virtualidades más o menos pacíficas, inocuas. Formas. Colores, Espiritualidad. Hasta aquí todo bien. Pero nos enfrentados con una obra cono la de Elio Rodríguez, -terrenal, vitalista- y se nos posa de inmediato en el hombro el angelito de la moralidad y nos sopla al oído los viejos anatemas del cristianismo medieval contra la nuditas criminalis. "¡Cochino!" -nos grita- "Eso es cochino y sucio y feo". El terror de los ángeles (y Dios me libre de creer en los ángeles! parece estar justificado por su conocida carencia de atributos sexuales. Pero en Cuba, donde nadie disfruta de ese infamante privilegio, el terror por el sexo siempre me ha parecido un acto de soberana hipocresía. En arte y en cualquier sitio. Por lo visto ha sido poco medio milenio para desembarazarnos definitivamente de algunos tabúes del catolicismo Paciencia, entonces.

La poética de Elio Rodríguez se nutre de ese malicioso y a veces infantil erotismo que sazona toda nuestra cultura (¿habrá siempre que decir "popular"?) y del que hacemos gala no sólo en la vida diaria, sino en la literatura, en el cine, en la música, en la danza, con consecuencias mas o senos jocosas, más o menos sangrientas según el público y la época. En la plástica, la más almidonada y oficial de las artes por la tradicional solemnidad de las instalaciones que la exhiben y por el carácter inmediato, corpóreo de sus representaciones lo erótico ha recibido la hostilidad únanme de los defensores de la moral y de las buenas costumbres. Del cuello de cada creador mas o menos sensual y sanguíneo estos pudorosos inquisidores han colgado el sambenito -provisional o definitivo según los casos- que los identifica como artistas obscenos, inmorales, desvergonzados o pornográficos. Y cualquiera sabe que la simple mención de estos epítetos hace aún revolverse en la tumba a creadores tan importantes como Carlos Enríquez o Servando Cabrera Moreno, por no hablar de los vivos que, como Umberto Peña o el escultor Osneldo García, seguro deben escucharlos con mayor nitidez y frecuencia. Por mi parte siempre he creído que el arte interesado en la sexualidad humana debiera ser considerado educador y moralista. Recuerdo que el propio Henry Miller decía que la obscenidad era un "proceso de saneamiento", ya que cada vez que se viola un tabú sucede algo bueno, algo vitalizante. Creo que sería muy provechoso tener presente este argumento antes de pretender descalificar el papel de la obscenidad en obras como las de Elio Rodríguez.

Elio viene a sumarse con valentía a una fogosa y nunca bien escarmentada tropa lidereada desde hace unos años por uno de los más fuertes innovadores de la iconografía erótica cubana: Tomás Esson. Se repetirían una vez más las muecas iracundas y los falsos sonrojos puritanos y volverán -qué duda caben- las mismas oscuras golondrinas de la censura a tributar sus cariñosos tironcitos de oreja o a colocar aquí o allá su triste hoja de parra. Entre todos los temas posibles, el sexo y la política parecen garantizar al creador estas gratuidades adicionales. Pero, en fin, mas paciencia.

Es necesario olvidar -o tratar de olvidar- por un instante el llamativo tema si se quieren descubrir algunos mecanismos tropológicos que informan muchas obras de Elio Rodríguez. Creo que aquí radica lo verdaderamente interesante. Ante todo resulta curioso comprobar que el vicio metafórico en Elio no es sólo de raíz pictórica, sino también lingüística, Las fuentes de sus combinaciones se hallan muy a menudo en el lenguaje oral y escrito: refranes, canciones, o simples vocablos que el habla popular ha desviado de sus significados habituales o que ha encontrado en ellos algún resquicio semántico o fonético de particular ambigüedad y a partir del cual se facilita a las imágenes un nuevo contenido.

El empleo de este procedimiento cuenta con antecedentes notables en la historia de la pintura. En El Otoño, una de las famosas "cabezas compuestas" de Giuseppe Arcimboldo (1527-93) el teórico Roland Barthes descubre que el ojo de la figura está formado por una ciruela y anota que al menos en francés "prunelle" es el diminutivo de ciruela y a la vez de pupila, niña del ojo. El ejemplo denuncia la utilidad de la lengua y de la palabra en la conformación de metáforas plásticas. En Cuba Wifredo Lam ha empleado también transposiciones semejantes, pero extraídas casi exclusivamente de analogías fórmales masas humanas y frutas, cuernos y púas vegetales) como ha evidenciado el teórico Desiderio Navarro con relación a las “rimas visuales” en la obra de Lam (ver "Lam y Guillén: Hondas comunicantes", Edit. Letras Cubanas, 1986, p, 138-162).

Así, dos acepciones de la palabra "rabo" se conjugan plásticamente en una de las obras de Elio que aún considero más logradas: Papalote con rabo, de 1989. Allí la representación de una elemental homonimia -que el título refuerza hasta la obviedad- logra combinar lo humorístico con lo obsceno y lo grotesco. La identificación de ambos significados (cola de papalote y pene) rebasa los límites convencionales que presupone el popular doblesentido al homologar también los dos términos en el orden dimensional, lo cual engendra la sorpresa de un largo apéndice de apariencia alarmante: un rabo-rabo que participa alegremente de las propiedades del juguete y del miembro viril. La existencia de una treintena de sinónimos con que denotar el órgano sexual masculino, comprobada por Argelio Santiesteban en “El habla popular cubana de hoy” -y en cuyo "vocabulario de la relación erótica" se registran nada menos que 170 términos- sólo puede asegurar futuras excursiones de la plástica a este rico vivero.

Otras obras (Vaquita, Trofeo, Murciélago) también de su primera muestra examen del ISA en 1989, se interesaban por peculiaridades morfológicas del reino animal susceptibles de simpáticas o tenebrosas articulaciones con la sexualidad humana. La presencia de genitales masculinos en un siniestro quiróptero nocturno no puede senos que desencadenar en el espectador otras asociaciones anómalas pertenecientes al universo monstruoso de las pesadillas.

El arte de Elio -arte híbrido, caótico- provoca así una mezcla de risa y repulsión. Lo grotesco y lo obsceno vinculado a la sexualidad, al humor y a la irracionalidad animal, contribuyen de inmediato a la aparición de un raro sentimiento de turbación, de molestia, de desasosiego, que algunos dudan en admitir en el panteón sagrado de las emociones artísticas. Sus blandas composiciones escultóricas, resueltas con simplicidad emblemática, enfatizan y concentran este efecto perturbador. El uso de la tela rellena, embutida, con que el artista simula la realidad orgánica de sus criaturas, así como la coloración a veces cárnea, membranosa -que ostenta para colmo el brillo de lo visceral- nos obliga a inscribir sus vaquitas, elefantes y murciélagos en los registros de alguna perversa y aún desconocida zoología. Tales características hacen, desde luego, inapropiadas estas obras para las ilustraciones de manuales científicos y cuentos infantiles, pero requieren como arte de una atención menos gazmoña y prejuiciada.

Recuerdo su original Vajilla exprimidores y saleros fálicos, teteras de doble pezón) que logró reunir prototipos para una industria cerámica igualmente imposible, quizá? sólo confiable a los antiguos Mochicas del Perú. ¿Se animarán alguna vez la fría Sévres o el dorado Delft -ya que no nuestras fábricas- a combinar los placeres de la mesa con recuerdos de la alcoba?

El centro de atención de aquel primer conjunto presentado por Elio en el ISA recayó, sin embargo; en un gigantesco y pululante carruaje cuyo titulo provenía de un estribillo de la Orquesta Van Van; Anda, ven y Muévete. La vivisección realizada por Elio a una de nuestras cotidianas guaguas descubre un hervidero de promiscuidades y apretasones que no habré dudas en calificar de realista y extremadamente didáctico. He sentado en guaguas más o menos así y si he logrado salvar mi momentánea integridad ha sido gracias a mi apariencia a todas luces inofensiva y universitaria. Pero veamos que dicen los maestros.

En el número cuatro de su “Sucesiva o las coordenadas habaneras”, el poeta José Lezama Lima anota espantado esta visión: "Nominar tan sólo esos transportes, más sombríos que los que iban de la Estigia a la Noira, motiva nuestros conjuros y evocaciones para alejar esos increíbles disfraces que asume el Maligno”. Pero Acosta León -testigo y víctima de los transportes- parece ser mejor antecedente. La guagua de Elio presenta una familiaridad nada desdeñable con aquellos alucínales, destartalados y eroticos vehículos que consiguió el genial Acosta. Sea transporte del Demonio o de Eros, que para el caso da lo mismo, aquella guagüita expresaba muy bien ese derroche de agresividad sexual que abominan y anhelan en secreto los mismísimos ángeles, y que este arte desprejuiciado y tropical, con el pretexto de criticar, también celebra.

No creo, por eso, que para explicarnos la obra de Elio Rodríguez sea necesario consultar los manuscritos inéditos de Sigmund Freud sobre el Caribe -sabiamente incluidos en el Index por los sexólogos del vaticano- ni mucho menos recurrir al precioso y bien documentado Tagebuth de la Dra. Mónica Kráuse en Cuba. Con salir un amiento a la calle es más que suficiente.

Hoy, dos años después de aquella primera muestra personal en el ISA, compruebo sin horror, sin asombro, que Elio Rodríguez se mantiene aferrado imperturbablemente a sus predilecciones y que ha logrado incluso convertirlas en definidos y bien dotados vicios estilísticos. El Macho aprieta esta vez mucho mas fuerte y es mas abarcador, más ambicioso. Recorre, como es de suponer, viejas conquistas y se anota en la cancha nuevas marcas. De Mami, que será lo que quiere el negro, a El Macho el interés predominantemente biológico va haciéndose más y más social, histórico, ideológico. Algunas de sus recientes obras (EJ. venado), Juego de Pelota) reiteran mecanismos genéticos que disfrútanos ya en Vaquita, en Elefante o en el grupo cerámico Vajilla, y cuya picaresca obviedad conserva aún su seducción sobre la poética de Elio. Otras, sin embargo, se internan en la lucubración culturológica sobre el Descubrimiento (Encuentro de dos culturas) cuyos modernizados catecismos aun huelen a hoguera medieval y a dragón muy a pesar de la buena fe paternalista del Viejo (Primer) Mundo y del ingenuo beneplácito de más de un indio con levita y de un olvidadizo cimarrón. En obras como Identidad el artista reinterpreta mediante una fecundante cópula de diversos materiales el viejo teorema de la mezcla de razas. Y en Con la Guardia en Alto -obra de imprevisibles repercusiones- Elio introduce (o empuña más bien) un enorme elemento problematizador sobre las tantas veces vapuleada heráldica revolucionaria. Dos proyectos, no obstante, polarizaron abrumadoramente mi atención: La Jungla (sí, la de Lam) y El Solar.

La Jungla de Elio Rodríguez fue anticipada ya en su atestada guagüita de Anda, ven y Muévete, que exploraba los sabores de la promiscuidad, del molote. Haber visto la ya clásica Jungla de Lam como un molote no me parece después de todo tan descabellado. Ni habérsela apropiado tampoco), ya que nada es de nadie según el comunismo caníbal del arte actual- Pero entorcharla, hacerla provocativamente volumétrica y para como acromática, blanca, me parece un estirón que busca con apetito una alabanza o un regaño. Desde el bigotico y la perilla que Duchamp implantó a la Gioconda en 1919 han llovido sobre las más o menos indefensas obras maestras centenares y miles de improperios y burlas mediante las cuales los artistas testimonian (a su manera) su rencoroso elogio o su desalentada aceptación, a unos años de celebrar su medio siglo, la obra maestra de la pintura cubana (en el MOMA) recibe con mal disimulado pataleo uno de los más vengativos regalos que le hayan tributado los artistas del patio. (¿Debiéramos preferir acaso el homenaje cotidiano de artistas como Larrinaga o las versiones de sus muchos adeptos escultóricos?). La Jungla de Elio Rodríguez evita cualquier sutil escaramuza y va directa y valientemente a celebrar el virtual modelado de esa "nalga para" que tanto motivara a Don Fernando Ortiz y a contonear, a manosear (artísticamente, desde luego) todas las puntas y redondeces del venerado paradigma.

Como prefiero la sinceridad a la retórica puedo gozar de esta intentona sin dejar de admirar (en postales y laminas, se entiende) la presencia mirífica de la versión original.

El Solar (“Edificación clásica”) es un engendro que participa por igual del influjo de Fidias, de Churriguera y de Gaudí con una pizca de Llega y pon y de Borobodur. No es raro que un vecino de Compostela conciba esta celebración monumentaria de uno de nuestros simpáticos e higiénicos solares habaneros. Si bien los españoles no nos legaron un Partenón, nos dejaron en cambio lo que luego sería nuestro doble, triple, múltiple templo: una Habana intramuros que iría creciendo lenta y bulliciosamente, de adentro hacia afuera en las mansiones de Condes y Marqueses y convirtiendo los amplios zaguanes y salones en florecientes cuarterías y la gracia de los empinados e inútiles puntales en el reino de las bien aprovechadas barbacoas.

Elio se regodea en la crónica de estos desmesurados crecimientos y exterioriza sus interioridades en un desbordado frontón de carne triangular y lasciva, en una pulposa fachada que para muchos quizás representa el portón de entrada a Sodoma y Gomorra. Para el artista Elio Rodríguez, el popular hacinamiento de la Habana Vieja, no sólo es una cifra alarmante en el Censo de Población y Vivienda, o un simple dato en el Registro de Direcciones sino una realidad sudorosa y palpitante que hace que cada cuerpo humano tenga conciencia exacta de su montón de carne y la ejercite en el placer o en la violencia de su litera, de su pasillo, de su calle, o simplemente de su ropa.

 

Pero ¿es todo en realidad tan material, tan cárnico dentro de este pedacito de Patrimonio de la Humanidad? Elio piensa que si y practica en consecuencia un Arte-Macho, protuberante y exhibicionista donde el erotismo se despliega como una forma de libertad y de poder. El Solar es el telón de fondo, parte del escenario de este escondido micro mundo que quizás no podamos descubrir con solo “Andar La Habana”, “Vivir La Habana” aportaría una experiencia muy distinta y ayudaría a comprender mejor la peculiar estética da Elio Rodríguez, Esa otra Habana que es aquí el reino de El Macho, y que un poco en broma un poco en serio anuncia desde su enorme valla que el negro Elio Rodríguez, con sus seis pies tantas pulgadas, quizás sea el ejemplar que el pudoroso arte cubano ande buscando.

EL MACHO

texto para el catalogo de la exposicion personal "El Macho". 1991

ORLANDO HERNANDEZ

EL MACHO

text for the catalog of the personal show "El Macho". 1991

ORLANDO HERNANDEZ

Classic nakedness not it raises annoyances, to neither excitations, controversial nor. We contemplated with taste the beautiful teats of Venus de Milo, or the very small falo of Doríforo of Policleto without noticing the most remote brittleness. Only artistic hunger, aesthetic pleasures, innocent taste by the cadence of the forms, the fry and soft texture of the marble. The nudes of Rubens, Matisse, Picasso, do not assault our glands directly, or if they do it, are in a very subtle way, without erections or spilling. We don't see flesh, nudeness, actually virtualities less dwells or pacific, innocuous. Forms. Colours, Spirituality. Until here everything is fine. But faced us to the work of Elio Rodriguez, - terrene, vitalist- and settles immediately in the shoulder the little angel of the morality and blows us to the ear the old anathemas of the Medieval Christianity against the nuditas criminalis. "¡Pig!"- I have shouts to us "That is dirty and dirty and ugly". The terror of the angels (and God saved me to believe in angels! it seems to be justified by its well-known deficiency of sexual attributes. But in Cuba, where nobody enjoys that slander privilege, the terror by sex always has seemed me an act of sovereign hypocrisy. In art and any places. By the sight it have been little half millennium to clear us definitively of some taboos of Catholicism. Patience, then.

The poetic of Elio Rodriguez nourishes itself sometimes of that malicious and infantile eroticism that ripens everything our culture (will we have to whenever to say "popular"?) and of that we enjoy not only in the daily life, but in literature, the cinema, in music, in the dances, with consequences but or humorous sins, more or less bloody according to the public and the time. In line of vision art, the most starched and official of the arts by the traditional solemnity of the facilities that exhibit it and by the immediate character, corporeal of its representations the erotic there are received the unanimous hostility of the defenders of the moral and moral conventions. Of the neck of each less sensual and sanguineous creator but or these shy inquisitors have hung the Sam Benito - provisional or definitive according to the cases that identify them like obscene artists, immoral, pornographic impertinent or. And anyone knows that the simple mention of these epithets still make shake themselves in the tomb to as important creators as Carlos Enrique or Servando Cabrera Moreno, not to speak of alive ones which, like Umberto Peña or the sculptor Osneldo Garcia, insurance must listen to them with greater clearness and frequency. As for me always I have thought that the art interested in the human sexuality had to be considered educating and moralistic. Memory that the own Henry Miller said that the obscenity was a " cleaning process ", since whenever a taboo is violated something good happens, something vital. I believe that there am would be very beneficial to remember these arguments before trying to disqualify the paper of the obscenity in works like those of Elio Rodriguez.

Elio comes to add with courage to a ardent and never learned lesson troops lead for years by one of the strongest innovators of the Cuban erotic iconography: Tomás Esson. The phases irascible and the false puritans blush would be repeated once again and will return - what it doubts are possible the same dark wanderers of the censorship to pay his affectionate little pull of to ear or to pleases here or there his sad leaf of vine. Between all the possible subjects, sex and policy seems to guarantee to the creator these additional gratuities. But, at last, more patience.

It is necessary to forget - or to try to forget- the showy subject if for a moment if we want to discover some tropologic mechanisms that inform many works into Elio Rodriguez. I believe that here is the truly interesting thing. First of all it is peculiar to verify that the metaphoric vice in Elio is not only by pictorial root, but also linguistic. The sources of his combinations are quite often in the oral and written language: refrains, songs, or simple words that popular speech has turned aside of its habitual meaning or that has found in it some semantic or phonetic chink of particular ambiguity and to start off of which a new content is facilitated to the images.

The use of this procedure counts on remarkable antecedents in the history of the painting. In the Autumn, one of the famous "heads composed" of Giuseppe Arcimboldo (1527-93) the theoretician Roland Barthes discovers that the eye of the appears it is formed by to plum and it writes down that AT least in French "prunelle" is the diminutive of pupil plum and simultaneously of, girl of eye. The example denounces the utility of the language and the word in the conformation of visual metaphors. In Cuba Wifredo Lam it there are also used transpositions resemblances, but extracted almost exclusively of formal analogies (masses human and vegetal fruits, horns and prongs) since it there are demonstrated Desiderio Navarro theoretician in relation to " visual rimes " in the work of Lam (to see "Lam and Guillén: Communicants slings ", Edit. Letras Cubanas, 1986, p, 138-162).

Thus, two meanings of word "tail" are conjugated plastically in one of works of Elio that still I consider more obtained: Kite with Tail, of 1989. The representation of elementary homonymic - that the title reinforces until obviousness- manages to combine the humoristic thing with obscene and the grotesque. The identification of both meanings (tail of kite and penis) escapes the conventional limits that the double sense when accrediting estimates popular also both terms in the dimensional order, which generates the surprise of to long appendix of alarming appearance: a tail-tail that participates gladly of the properties of the toy and the virile member. The existence of more than thirty synonymous whereupon denoting the masculine sexual organ, verified by Argelio Santiesteban in "the Cuban popular speech of today" - and in whose "vocabulary of the erotic relation" registers nothing less than 170 terms only can assure future excursions the plastic one to this rich breeding ground.

Other works (Cow, Trophy, and Bat) also of his first examination show of the ISA (Higher Institute of Art), in 1989 was interested by susceptible morphologic peculiarities of the animal kingdom of likeable or tenebrous joints with the human sexuality. The presence of the masculine genitals in night animal a wreck it cannot less that to trigger in the spectator to other anormal associations pertaining to monstrous universe of the nightmares.

Elio’s Art - art hybrid, chaotic- cause you therefore to mixes of to laughter and repulsion. The grotesque and obscene tie to the sexuality, humour and the irrationality animal, they contribute immediately to the appearance of to rare feeling of confusion, of annoyance, of uneasiness, that some doubt in admitting in the sacred pantheon of the artistic emotions. His soft sculptures, solved with emblematic simplicity, emphasize and concentrates this disturbing effect. The uses of the stuffed fabric, inserted, whereupon the artist simulates the organic reality of its creatures, as well as the sometimes colour like flesh, membranous - that shows to make matters worse the brightness of the visceral- forces us to register his cows, elephants and bats in the registries of some profligate and still unknown zoology. Such characteristics make, these works of course, unsuitable manual for the illustrations of scientists and fairy tales, but they require like art of to less prudish and prejudiced attention.

I remember his original phallic set of dishes, squeezers and saltcellars, teapots of double nipple) that obtained to reunite prototypes for equally impossible a ceramic industry, perhaps? only reliable to the old Mochicas of Peru. Maybe the cold Sévres or the golden Delft sometimes will be animated - since our factories not to combine the pleasures of it pulls with memories of the alcove?

The center of attention of that first set displayed by Elio in the ISA fell, nevertheless; in gigantic and pullulate vehicle whose title came from a refrain of the Cuban orchestra Van Van; “Anda, ven, y Muévete” (come, see, and move you self). The vivisection made by Elio to one of ours daily bus discovers a swarm of promiscuities and pressure that no there will be doubts in describing as extremely didactic realistic. I have seated in bus more or less thus and if I have managed to save my momentary integrity has been thanks to my obviously inoffensive and university appearance. But we will see that the teachers say.

In number four of his "Successive or Havana coordinates", the poet Jose Lezama Lima writes down frightened this vision: "To name only those transports, shadier than those than went of Stygian to the Noira, it motivates our spells and evocations to move away those incredible disguises that the Malign assumes. But Acosta Leon - witness and victim of those transports it seems to be better antecedent. The Elio’s bus not at all displays a despicable familiarity with those hallucinates, rambling and erotic vehicles that the brilliant Acosta obtained. Been transport of the Demon or of Eros, that by the case its the same, that bus expressed very well that waste of sexual aggressiveness that detests and they privacy yearn for the very same angels, and who this unconcerned art and tropical, with the pretext to criticize, also celebrates.

I do not believe, for that reason, that to explain us the work of Elio Rodriguez is necessary to consult the unpublished manuscripts of Sigmund Freud on the Caribbean - wisely including in the Index by the sexologists of the Vatican Index from it to resort to the precious one and well documented Tagebuth of the Dra. Monica Kráuse in Cuba. With going out to street for a while it is more than sufficient.

Today, two years to after that first personal show in the ISA, I verify without horror, without astonishment, that Elio Rodriguez stays obstinate imperturbable to his predilections and that there are managed to even turn more defined them and equipped vices well stylistic. The Macho tightens this time much but hard and is but inclusively, more ambitious. It crosses, ace it is of supposing, old conquests and it is written down in field new marks. From “Mammy, that will be what wants the black”, to “El Macho” the interest is become predominantly more and more social, historical, ideological. Some of its recent works (EJ. to deer), Game of Ball) reiterate genetic mechanisms that we enjoyed in Cow, Elephant or in the ceramic group set of dishes, and whose picaresque obviousness conserve still its seduction on the Elio’s poetic. Others, nevertheless, go into in the culturological lucubration on the Discovery (Encounter of two cultures) whose modernized catechisms are even smell of medieval bonfire and dragoon in spite of the good paternalist faith of the Old one (First) World and the ingenuous approval of more than an Indian with frock coat and a forgetful wild slave. In works like “Identity” the artist reinterpret by means of a fecundate copolishes of to diver materials the old theorem of the mixes of races. And in “Con la Guardia en Alto” (With the Combat readiness) - it builds of unforeseeable Elio repercussions it introduces (or it grasps to rather) an enormous but problematic element on the under many times beaten revolutionary heraldic. Two projects, however, polarized my overwhelmingly attention: The Jungle (yes, the Lam´s one) and “El Solar” (the Lot).

The Jungle of Elio Rodriguez was anticipated already in his crowded bus of “Anda, ven and Muévete” that explored the flavours of the promiscuity, crow. Have seen the already classic artwork as a crow doesn’t look to me so crazy after all. Nor to have it to it appropriate to either), since nothing is of anybody according to the communist cannibal of the present art world. But to awning over it, to make it provocatively volumetric and over all that achromatic, white, seems to me that there am looks for with appetite praise or snarl. From the moustache and the knob that Duchamp implanted to the Gioconda in 1919 have rain over but or the less defenseless masterpieces hundreds and thousands of improper and ridicules by means of which the artists attest (to its way) its spiteful praise or his discouraged acceptance, to few years to celebrate its half century, the masterpiece of the Cuban painting (in the MOMA) receives with badly disguised kicking one of the most vindictive gifts than artists of the patio have paid to it. (Perhaps we should prefer the daily pays of artists like Larrinaga or the versions of its many sculptured followers?). The Jungle of Elio Rodriguez avoids any subtle skirmish and goes directly and bravely to celebrate the virtual one modelled of that "ass up" that as much motivated to Don Fernando Ortiz and to swagger, handling (artistically, of course) all the ends and roundness of the venerated paradigm.

As I prefer sincerity to the rhetoric I can enjoy this putsch without letting admire (in postal and postcards, it is understood) the mythic presence of the original version.

The Lot ("Construction classic") it is creation that participates by the same of the influence of Fidias, of Churriguera and of Gaudí with one picks of Llega y pon and from Borobodur. It is not rare that to a neighbour of Compostela Street conceives this huge celebration of one of our likeable and hygienic Havana lots. Although the Spaniards non they bequeathed to Parthenon to us, left us to however what soon there am would be ours double, triple, multiple temple: an inside walls Havana that would be growing slow and boisterously, of inside outwards in the mansions of Counts and Marquises and turning the ample vestibules and halls flourishing projects and the grace of the lofty and useless props in the kingdom of taken advantage of barbecues well.

Elio rejoice in chronicle of these extreme growths and expresses its interiorities in an overflowed fronton of triangular and lewd meat, in a pulpous facade that perhaps for many it represents the inner door of entrance to Sodom and Gomorra. For the artist Elio Rodriguez, the popular crow of Old Havana, is not only an alarming number in the Census of Population and House, or a simple one data in the Address register but a sweaty and trembling reality that it causes that each human body becomes aware exact of its piece of meat and exercise in the pleasure or the violence of his bunk, its corridor, his street, or simply of its clothes.

But there am is everything in fact so material, so meatiness under this small piece of Humanity Patrimony? Elio thinks that, and practices a consequently Arte-Macho, protuberant and exhibitionist where the eroticism unfolds ace to form of freedom and of being able. The Lot is the bottom drop curtain, leaves from the scene of this world hidden micro that we perhaps did not prune to discover with just walking Havana, To live Havana would contribute to very different experience and would help to understand to better peculiar the aesthetic gives to Elio Rodriguez, That other Havana that is here the kingdom of the Macho, and who to little playfully to little in serious announces from its enormous billboard that the black Elio Rodriguez, with its six feet perhaps more inches, may be the one that the modest Cuban art is looking for.

 

11th May 1991

designed by Macho Enterprises s.a.     all rights reserved Elio Rodriguez 2017

All you need is..GOZOR!!!