SALSA MACHO: CONTRAPUNTEO CUBANO DEL ORGASMO Y LA SAZON

ADRIAEN RIJN.

    Pocos caminos en las Artes Plásticas de los últimos tiempos han sido, en mi opinión, tan personales y al mismo tiempo, disfrutables como el iniciado por Elio Rodríguez en 1989 con: “Mami, que será lo que quiere el negro”, su opera prima en el mundillo de la pasada década.

Emancipadora y cuestionadora, disfrutable y personal, porque salvo excepciones, como podrían ser el poco recordado Osneldo García y ciertas obras, las menos conocidas, de Raúl Martínez, los artistas plásticos cubanos- puede hacerse extensivo a nuestra cultura en general- no han tenido el “atrevimiento” de abordar la temática sexual o erótica en su esencia, sin el moralismo provinciano que nuestro pensamiento aparentemente desprejuiciado padece. El asumir la sensualidad como un ingrediente imprescindible del cocinado y recalentado concepto de identidad, no ha pasado de ser, en muchos casos, tan solo un cliché mas entre los tantos que empañan nuestra limitada visión del mundo. (Aun recuerdo el escándalo que provoco la exposición “Arte Sexo”, III Bienal de la Habana. Fac. de Artes y Letras. Univ. de la Habana; entre el cuerpo docente y el alumnado del alto centro de estudios. De aquella III Bienal a esta VI las cosas han cambiado poco: el vaivén de las olas dentro de una represa nunca llega a maremoto. Sin no me cree, fíjese en la actitud de los habituales pescadores, tranquilos porque conocen las aguas que los alimentan).

Si en un principio la obra del Macho se preocupo por expresar y recrearse con las disímiles reacciones que su obra producía y tratar de derribar determinados prejuicios a partir de un discurso y propuestas visuales tamizadas por el recurrir a la aparencial candidez del blanco (lo que las volvía más sugerentes), ahora otros condimentos se han ido agregando a su sartén, es decir, su obra: Macho Entreprise S.A.- la empresa que lo representa- la utilización de recursos provenientes del campo de la publicidad, el intencionado juego con el concepto de lo “tropical” y sus eróticas frutas, símbolo por excelencia del placer sensorial, así lo atestiguan.

Como la mayoría del arte que se produce en el país, la Gran Salsa resuma su esencia contextual. Si a través de las relaciones entre los individuos podemos aventurarnos a explicar una sociedad; a través de los elementos que componen un país podríamos aventurarnos a explicarnos este. Esta es, a grosso modo, la idea que anima La Gran Salsa (que podría haberse llamado el gran ajiaco si el termino salsa no fuera para el cubano de estos años portador de un mayor nivel de evocación). Conviniendo con Foucault que toda relación de fuerzas es una relación de poder, podemos concluir que el roce erógeno que preside el hacinamiento, el entrecruzamiento erótico, la inter-pene-tración de los elementos, el afán protagónico de cada uno, no es mas que la apología del sexo como poder, aun cuando la eticidad de las obras sea manifiesta.

La Gran Salsa es la expresión del caos como orden, de la mixtura, donde la erotización del pensamiento, el exhibicionismo del símbolo y la seducción del mensaje agotan la capacidad de detallar e imposibilitan el establecer el análisis por zonas. El alarde de la abundancias finalmente carencia; la totalización lleva al vacío, el inmenso todo es nada, y en la nada, nada pasa.

Elio Rodríguez concibió esta orgía interminable: La Gran Salsa, la eterna fiesta de Eros, colorido y placer. Por desgracia una sazón demasiado fuerte dificulta la digestión y el degustar el verdadero sabor de los condimentos; demasiado sexo mecaniza el orgasmo y hasta, a veces, lo inhibe: demasiada comida termina por asquear aun cuando todavía muchos piensen que a barriga llena, corazón contento.

 

Marzo 1997

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